TOC, TOC, TOC.
este espacio
No tengo todas las respuestas. Tengo una historia que quiero contar.
de romantizar.
Tampoco
de ocultar.
No quiero contar esta historia desde la tragedia.
Pero una persona es mucho más que un diagnóstico o que sus días más difíciles.
Este espacio propone otra forma de hablar de lo que ocurre: nombrarlo, escucharlo y seguir construyendo alrededor de ello.
Hablar no significa tener todo resuelto.
No necesitamos vivir exactamente lo mismo para poder escucharnos.
Crear puede ser simplemente una de las muchas maneras de seguir construyendo.
No todo lo difícil tiene que ser el final de la historia.
Antes de poder hablar de esto, tuve que aprender a nombrarlo.
Esta no es una explicación sobre cómo se vive el TOC.
Es simplemente mi historia.
Siempre he sido una persona que tiende a la tristeza y que siente las cosas con bastante intensidad. Durante mi adolescencia atravesé momentos difíciles, pérdidas, rupturas y épocas en las que no me sentía bien. Pero nunca había pensado seriamente en mi salud mental ni había sentido la necesidad de ponerle un nombre a lo que me pasaba.
Hasta que llegó 2025.
Al principio pensé que simplemente estaba triste.
Ese año diferentes partes de mi vida comenzaron a complicarse al mismo tiempo. Mi familia, mi situación económica, mi vida espiritual y otras cosas importantes para mí empezaron a atravesar momentos difíciles.
Al principio pensé que simplemente estaba triste.
Después entendí que ya no era solamente tristeza.
Hubo un periodo en el que empecé a sentirme profundamente insignificante. Llegué a cuestionar el valor de mi propia vida y atravesé una crisis que me llevó, por primera vez, a pedir ayuda de emergencia.
En ese momento pensé que aquello era el punto más difícil.
No lo era.
Cuando mi propia mente empezó a asustarme.
Meses después comenzaron a aparecer pensamientos que no entendía.
Pensamientos intrusivos.
Llegaban sin que yo quisiera tenerlos y, precisamente porque no comprendía qué eran, comenzaron a producirme muchísimo miedo.
Aparecieron la ansiedad, la presión en el pecho, las preguntas constantes y una sensación especialmente difícil de explicar: empezar a sentir miedo de lo que estaba ocurriendo dentro de mi propia cabeza.
Hasta ese momento yo había sido bastante escéptico frente a la salud mental.
Había tenido algunos acercamientos a psicología, pero de manera desorganizada y sin demasiada constancia. Durante mucho tiempo pensé que muchas de estas conversaciones no tenían realmente que ver conmigo.
Hasta que dejaron de ser una conversación lejana.
Tuve que hablar.
Primero con las personas más cercanas a mí.
Después con profesionales.
A finales de septiembre y comienzos de octubre tuve mi primera consulta con psiquiatría. Conté lo que estaba ocurriendo: los pensamientos intrusivos, la ansiedad, el miedo y todo aquello que durante meses había intentado comprender solo.
Por primera vez alguien puso una palabra sobre lo que me estaba pasando:
TOC.
Tener un nombre no hizo que desapareciera.
Entender que aquello tenía un nombre no significó que inmediatamente dejara de doler o de asustarme.
Comencé tratamiento y las primeras semanas fueron especialmente difíciles.
Poco tiempo después atravesé una de las crisis más fuertes de todo este proceso.
Hay algo de ese día que todavía me resulta extraño cuando lo recuerdo.
Esa misma mañana tenía que grabar un video relacionado con uno de mis proyectos.
Mi mente estaba atravesando una crisis y, al mismo tiempo, otra parte de mi vida seguía avanzando.
Había una cámara. Había un proyecto. Había algo que producir.
Había algo que crear.
Grabé el video.
Después pedí ayuda.
Pensé que iría a una clínica, hablaría con alguien, recibiría alguna indicación y regresaría a casa.
No ocurrió así.
Me dijeron que necesitaba hospitalización.
Entré sin entender qué estaba ocurriendo conmigo.
Pasé alrededor de veinte días hospitalizado.
Nunca había vivido algo parecido.
Entré sintiendo que mi propia mente se había convertido en un lugar que ya no comprendía.
Es muy difícil aprender a convivir con algo que todavía no entiendes.
Durante esos días tuve acompañamiento profesional y empecé a comprender mejor qué estaba ocurriendo conmigo.
Los pensamientos intrusivos.
La ansiedad.
El miedo.
El TOC.
Poco a poco aquello que antes parecía incomprensible comenzó a tener una estructura, un lenguaje y una explicación.
No salí convertido en otra persona.
Tampoco salí con todo resuelto.
Salí entendiendo un poco mejor aquello que durante meses me había producido tanto miedo.
Y para mí, eso ya significaba muchísimo.
Lo que vino después tampoco fue una línea recta.
Hubo meses mejores y meses más difíciles.
Momentos en los que fui muy disciplinado con mi tratamiento y otros en los que no lo fui tanto.
Hubo pensamientos que regresaron y volvieron a asustarme. Hubo nuevas consultas, ajustes, conversaciones y mucho aprendizaje.
Durante un tiempo pensé que mi objetivo debía ser volver exactamente a la persona que era antes de todo esto.
Hoy ya no estoy seguro de que esa sea la pregunta correcta.
Ha pasado casi un año desde mi hospitalización y aproximadamente un año y medio desde que comenzó esta etapa de mi vida.
Y sigo aprendiendo.
Estoy aprendiendo a vivir con esto.
No escribo esta historia porque ya tenga todas las respuestas.
La escribo precisamente porque todavía estoy en el proceso.
Estoy aprendiendo a vivir con el TOC.
Estoy aprendiendo a relacionarme de otra manera con mis pensamientos.
Estoy aprendiendo a pedir ayuda cuando la necesito.
Estoy aprendiendo a cuidar mi salud mental con una seriedad que hace algunos años probablemente no habría entendido.
Y también estoy aprendiendo algo que atraviesa una parte enorme de mi vida:
seguir creando.
Soy diseñador. Gran parte de mi forma de entender el mundo pasa por imaginar, construir, investigar, producir y convertir ideas en algo visible.
Por eso, cuando mi propia mente comenzó a sentirse como un lugar difícil de habitar, también tuve que preguntarme qué pasaba con esa parte de mí.
¿Cómo se crea cuando la mente hace demasiado ruido?
No tengo una respuesta definitiva.
Todavía la estoy buscando.
Pero he descubierto que aquello que en algún momento solamente podía entender como una carga también puede convertirse en una pregunta, una conversación o incluso en un punto desde el cual mirar el mundo de otra manera.
Eso no significa que el sufrimiento tenga que transformarse en arte.
Tampoco significa que una enfermedad tenga que producir algo útil.
No tenemos que convertir todo lo que nos duele en productividad.
Simplemente significa que, para mí, crear continúa siendo parte de la vida que estoy construyendo.
Incluso con TOC.
No quiero que TOC, TOC, TOC. sea una colección de historias tristes.
Quiero que podamos hablar de los momentos difíciles, claro.
Del miedo. De la culpa. De los pensamientos que a veces no sabemos cómo explicar. De las cosas que callamos porque tenemos miedo de que alguien las interprete mal.
Pero quiero que podamos hablar también de lo que ocurre después.
De entender. De pedir ayuda. De aprender. De regresar a una idea. De volver a estudiar. De volver a trabajar. De crear. De encontrarnos con otras personas.
No quiero presentar mi historia como una historia de superación terminada.
Porque no lo está.
Sigo teniendo días buenos y días difíciles.
Sigo aprendiendo.
Y probablemente eso sea precisamente lo que quiero que sea este espacio: un lugar donde no tengamos que esperar a tener todo resuelto para poder hablar.
Un lugar donde nuestras historias puedan existir completas.
No solamente desde aquello que nos duele.
También desde todo lo que seguimos construyendo.
Esta es la mía.
mientras algo
más ocurre
¿Cómo se crea cuando la mente hace demasiado ruido?
Durante mucho tiempo hemos construido una imagen peligrosa del artista: la idea de que el sufrimiento produce talento, que el dolor vuelve a alguien más interesante o que una mente en dificultad necesariamente crea mejores obras.
No quiero contar esa historia.
Un trastorno no es un superpoder. Tampoco es un requisito para crear.
Pero existen artistas, escritores, músicos, diseñadores y creadores que han hablado públicamente sobre su salud mental mientras continuaban construyendo una vida y una práctica creativa.
La pregunta no es si su condición produjo su obra.
La pregunta es cómo siguieron creando mientras aquello también formaba parte de sus vidas.
Crear no cura. Pero crear puede seguir existiendo.
Seis formas
de convivir
John Green
Green ha hablado públicamente de vivir con TOC desde su infancia y de cómo la condición continúa formando parte de su vida.
Parte de esa experiencia aparece en Turtles All the Way Down, cuya protagonista vive con pensamientos obsesivos y compulsiones.
Para Green, escribir sobre ello no significó convertir el TOC en una ventaja creativa. Su interés estaba también en mostrar que una persona con una enfermedad mental crónica puede construir una vida extensa, compleja y significativa.
Visiones obsesivas
Yayoi Kusama
Kusama ha descrito experiencias de alucinaciones y patrones repetitivos desde su infancia.
Puntos, flores, redes y formas que parecían extenderse sobre los espacios terminaron convirtiéndose también en elementos centrales de su lenguaje visual.
El Smithsonian ha explicado cómo la repetición de esas imágenes ha formado parte de su manera de relacionarse con experiencias que podían producirle miedo.
Depresión
Ansiedad
Fiona Apple
Fiona Apple ha hablado de convivir desde niña con TOC, depresión y ansiedad.
Su carrera muestra algo que a veces se pierde cuando hablamos de creatividad y salud mental: una persona puede atravesar periodos de enorme dificultad y continuar desarrollando una práctica artística compleja.
Su obra y su experiencia personal pueden relacionarse sin que una tenga que convertirse en explicación de la otra.
Carrie Fisher
Carrie Fisher habló públicamente durante años de vivir con trastorno bipolar.
Parte de su experiencia apareció en novelas, memorias, entrevistas y en el humor con el que relataba diferentes momentos de su vida.
Pero una de las ideas que defendió con mayor claridad fue la importancia de encontrar comunidad: poder compartir experiencias con otras personas que comprendieran parte de aquello que estaba ocurriendo.
Lady Gaga
Lady Gaga ha hablado públicamente de haber sido diagnosticada con trastorno de estrés postraumático.
También ha descrito momentos en los que sus síntomas dificultaban su trabajo y tareas que desde afuera podían parecer cotidianas.
Cuando habla de continuar con el arte y la música, también habla de tratamiento, apoyo y recuperación. La creatividad no aparece como sustituto de ese proceso.
Yves Saint Laurent
En septiembre de 1960, Yves Saint Laurent fue llamado al servicio militar.
Poco después fue hospitalizado en Val-de-Grâce por depresión. Tenía veinticuatro años.
Durante ese mismo periodo dejó de ocupar su puesto al frente de Dior. Después, junto a Pierre Bergé, comenzó el proyecto de la casa que llevaría su propio nombre.
Su historia no necesita convertir aquella depresión en el origen de su talento. Permite observar algo distinto: una vida creativa puede continuar después de una crisis, mientras existen vulnerabilidad, apoyo y procesos personales mucho más complejos que aquello que vemos sobre una pasarela.
No quiero que el TOC se convierta en mi estética.
Tampoco quiero sentir que tengo que convertirlo en inspiración cada vez que creo.
No necesito diseñar “desde el TOC” para que esta experiencia tenga un lugar dentro de mi historia.
Me interesa algo más honesto:
entender cómo sigo siendo diseñador mientras el TOC también existe.
Qué ocurre con mi concentración. Con mis ideas. Con mis días buenos. Con los días en los que crear parece muchísimo más difícil.
Y también qué ocurre cuando una experiencia que inicialmente solo producía miedo empieza, poco a poco, a poder observarse, nombrarse y conversarse.
No todo tiene que convertirse en una colección.
No todo dolor tiene que convertirse en una obra.
A veces crear puede ser simplemente eso:
seguir creando.
No romantizar.
No reducir.
Seguir creando.
+ imágenes
Los perfiles se basan en información hecha pública por las propias personas o documentada por fuentes como The Guardian, Smithsonian Hirshhorn, The New Yorker, Born This Way Foundation y Musée Yves Saint Laurent Paris. No se realizan diagnósticos retrospectivos.
Fotografías: John Green, Gage Skidmore, CC BY-SA 3.0 · Yayoi Kusama, George Quasha, CC BY 3.0 · Fiona Apple, Sara Covich, CC BY-SA 2.0 · Carrie Fisher, Riccardo Ghilardi, CC BY-SA 3.0 · Lady Gaga, Walterlan Papetti, CC BY-SA 4.0 · Yves Saint Laurent, L'Espresso, dominio público.
Archivos originales consultados en Wikimedia Commons.
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Aquí también
puede existir
tu historia.
No tienes que tener todo resuelto para escribir.
Puedes compartir una experiencia, un momento, una pregunta, una dificultad o algo que hayas aprendido.
Nada se publica automáticamente.
Cada historia pasa primero por un proceso de revisión para cuidar tanto a quien escribe como a quienes puedan leerla.